Principios de la educación Marista

La tradición pedagógica marista se nutre de la experiencia y la reflexión educativas, desarrolladas desde Marcelino Champagnat y los primeros Hermanos hasta nuestros días. Desde esta perspectiva podemos destacar algunos aspectos esenciales y peculiares que caracterizan a nuestro estilo pedagógico:

1. Pedagogía desde y para la solidaridad

Ello inspira un estilo pedagógico marcado por la preferencia al más débil, por la delicadeza, por la entrega generosa, por la no discriminación, por el saber disimular las dificultades ajenas.
Estamos llamados a caracterizarnos por una particular sensibilidad frente a las situaciones de pobreza, límites e injusticias que surgen dentro de la comunidad y en el entorno social.
Atender a los alumnos con mayor dificultad es crear estructuras de apoyo, grupos de recuperación, acompañar pacientemente a quien va con retraso y ofrecerle estímulos.

2. Pedagogía integral

Que favorece el crecimiento total del alumno; es decir, no sólo se interesa por el aprendizaje, la adquisición de datos, las destrezas y los hábitos, sino que atiende a la persona global.
Nuestros primeros Hermanos ya hacían referencia a “Educar todo el niño”. Hoy este principio sigue orientando nuestro servicio educativo evangelizador. Intentamos una educación personal que acompañe a cada uno según sus necesidades y que favorezca el ambiente humano para la maduración individual.

3. Pedagogía participativa

Utilizamos una pedagogía en la que el educando, que es artífice de su propio crecimiento, se asume como protagonista, implicándose activamente en el proceso educativo personal y grupal.

4. Pedagogía del testimonio

Al lado de los jóvenes y a través de nuestra vida, como educadores cristianos, en la escuela o fuera de ella, damos testimonio de la necesidad de lograr la armonía entre fe, cultura y vida, entre el compromiso como cristianos como ciudadanos.

5. Pedagogía que parte de la vida y va a ella

Entendemos que la vida misma es fuente de formación. En efecto, desde la vida, el niño y más adelante el hombre, tendrá que seguir formándose. Por ello, más que la transmisión de saberes nos preocupa que el educando aprenda a aprender desde la vida.
Presencia
Estar con ellos, acompañando en tiempo y espacios que así lo necesiten

5. Pedagogía que parte de la vida y va a ella

Entendemos que la vida misma es fuente de formación. En efecto, desde la vida, el niño y más adelante el hombre, tendrá que seguir formándose. Por ello, más que la transmisión de saberes nos preocupa que el educando aprenda a aprender desde la vida.

PRESENCIA

ESTAR CON ELLOS, ACOMPAÑANDO EN TIEMPO Y ESPACIOS QUE ASÍ LO NECESITEN.

SENCILLEZ

TAN PEQUEÑOS Y ESCONDIDOS COMO LA VIOLETA QUE SE DEJA SENTI POR SU AROMA.

AMOR AL TRABAJO

UNA Y OTRA VEZ BUSCANDO DONDE MAS COOPERAR, SIN DESPERDICIAR TIEMPO

ESPIRITU DE FAMILIA

DESDE EL INICIO AL FINAL HACIENDO UNA FAMILIA DE HERMANOS, CRECIENDO JUNTOS.