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Nosotros

Nuestra Historia

Colegio Marista Nosotros 15 Abril 2026

La roca que ha de servir de fundamento a una congregación es la pobreza y las contradicciones.
P. Marcelino Champagnat

INICIOS — ANTES DE SANTA CRUZ

El buen concepto adquirido por la enseñanza, educación y seriedad en los estudios del Colegio Marista de Roboré, y posteriormente del Colegio de San José de Chiquitos, se hizo sentir bastante en Santa Cruz. Un catedrático de la Universidad Estatal Gabriel René Moreno expresaba: "Llegan sus exalumnos a los estudios superiores con buena preparación y por eso se puede esperar mucho de ellos."

Por ese tiempo, el Arzobispo de Santa Cruz, Mons. Luis Rodríguez Pardo convenció al Hno. Jesús Rodríguez, Provincial de Bética Marista, para que aceptara la oferta de fundar un colegio privado en Santa Cruz de la Sierra.

En 1966, los Hnos. Fernando Moreno y Vidal Bretos tienen el primer contacto con Monseñor Luis Rodríguez Pardo, quien les invitó a ir a Santa Cruz donde les ofrecía un terreno de unos 10.000 metros cuadrados y la cantidad de 25.000 dólares americanos para construir un colegio.

LA CONSTRUCCIÓN — EN SANTA CRUZ

La compra de los terrenos y el dinero ofrecido eran parte de una donación del Sr. Arzobispo de Boston, Cardenal Cushing.

En 1967 el Hno. Jesús Rodríguez, Provincial de Bética Marista, llegó a un acuerdo con el Señor Obispo de Santa Cruz para construir un colegio particular dirigido por los Hermanos Maristas.

La construcción de las obras se inició ese mismo año en el terreno que ya había adquirido la Diócesis. Para febrero de 1968 se habían construido las primeras edificaciones: unas seis aulas y la residencia de los Hnos. 
Maristas. La construcción estuvo bajo la dirección del Sr. Kurt Riter.

HACIENDO FAMILIA — LA PRIMERA COMUNIDAD

La primera Comunidad Marista que llegó a residir en Santa Cruz estaba conformada por los Hnos. Florencio Puente, Director del Colegio, Vidal Bretos y Jesús Ortega.

Se iniciaron las actividades escolares el 3 de febrero de 1968, con tres cursos: el último de Primaria y los dos primeros de Secundaria. En total eran unos 120 alumnos, todos varones.

El 22 de enero de 1968 salió la Resolución Ministerial de funcionamiento del Colegio Marista de Santa Cruz de la Sierra.

PRIMEROS AÑOS

El alumnado fue aumentando en gran medida año tras año, y el colegio adquirió notable reputación por la enseñanza impartida, los resultados académicos y el ambiente entre profesores, alumnos y padres de familia.

Durante un período de unos 10 años funcionó en los locales del colegio, con clases nocturnas, la Normal Católica para Profesores de Religión.

Siendo Director el Hno. José Antonio López Rojo, se inicia la enseñanza mixta en el Ciclo Intermedio y Medio. El Ciclo Básico ya era mixto desde su apertura en 1982.

ACTUALMENTE

En los últimos años se ha consolidado el sistema de tutorías. Los profesores tutores orientan a los estudiantes en temas como sexualidad, comunicación, y trabajan con los padres de familia en la formación integral de sus hijos.

Para hacer este trabajo con mejor sentido, los profesores son capacitados continuamente con talleres y cursos en el campo pedagógico y espiritual, incluyendo talleres de Biblia, convivencias, jornadas solidarias y cursos en teorías del aprendizaje.

Desde 2007 se creó el tercer paralelo por nivel, con la finalidad de atender mejor a los estudiantes en grupos más reducidos.

Marcelino Champagnat

Colegio Marista Nosotros 15 Abril 2026

Amar a Dios y trabajar para darlo a conocer y hacerlo amar: tal debe ser la vida del hermano.

P. Marcelino Champagnat

Marcelino Champagnat nace el 20 de mayo de 1789 en Marlhes, un pueblo de las montañas del Centro-Este de Francia, en el momento en que estalla la Revolución Francesa. Es el noveno hijo de una familia profundamente cristiana. Su educación es eminentemente familiar. Su madre y una tía suya exclaustrada despiertan en él una fe sólida y una profunda devoción a María.

La revolución francesa ocasionó años de pobreza, orfandad de muchos niños, persecución a la iglesia que en esa época se encargaba de la educación. La niñez y juventud estaba abandonada a su suerte.

Cuando Marcelino tiene 14 años, un sacerdote de paso por su casa le hace descubrir que Dios le llama al sacerdocio. Marcelino, cuya escolaridad había sido muy deficiente, se pone a estudiar con todo ardor porque Dios lo quiere.

Los años difíciles de su estancia en el seminario menor de Verriéres (1805-1813) son para él una etapa de extraordinario crecimiento humano y espiritual.

En el seminario mayor de Lyon tiene por compañeros, entre otros, a Juan María Vianney, futuro Cura de Ars, y a Juan Claudio Colin, que más tarde será el fundador de los Padres Maristas. Forma con otros seminaristas un grupo cuyo proyecto es fundar una congregación que llevaría el nombre de María, la Sociedad de María.

Conmovido por la miseria cultural y espiritual de los niños de los pueblos, Marcelino siente la urgencia de crear una congregación de Hermanos dedicados a la educación cristiana de la juventud. Decía con frecuencia: No puedo ver a un niño sin sentir el deseo de decirle cuanto le ama Jesucristo.

Al día siguiente de su ordenación sacerdotal (22 de julio de 1816) este grupo de sacerdotes jóvenes van a consagrarse a María en el santuario de Ntra. Sra. de Fourvière.

Luego Marcelino es nombrado coadjutor de una parroquia rural, La Valla. La visita a los enfermos, la catequesis de los niños, la atención a los pobres y el fomento de la vida cristiana en las familias son las actividades esenciales de su ministerio.

Queda dolorosamente conmovido al encontrar a un joven de 17 años que está a punto de morir y que no conoce nada de Dios. Este hecho le mueve a poner en práctica su idea de fundar un grupo de maestros dedicados a la instrucción cristiana de los niños del campo.

El 2 de enero de 1817, sólo seis meses después de llegar a la parroquia de La Valla, el joven coadjutor Marcelino, de 27 años de edad, reúne a sus dos primeros discípulos. Acaba de nacer, en medio de la mayor pobreza, humildad y confianza en Dios, la congregación de los Hermanitos de María o Hermanos Maristas.

Apasionado por extender el Reino de Dios, logra convertir a los jóvenes campesinos que viven con él en apóstoles de Cristo y de María. En seguida empieza a abrir escuelas.

Marcelino y sus Hermanos participan en la construcción de una nueva casa capaz de acoger a más de cien personas, a la que da el nombre de Ntra. Sra. del Hermitage. En 1825, liberado de su cargo de coadjutor, se dedica por completo a su congregación.

Como hombre de fe profunda, Marcelino no deja de buscar la voluntad de Dios en la oración. Consciente de sus limitaciones, no cuenta más que con Dios y con la protección de María, la Buena Madre. Adopta la divisa: Todo a Jesús por María, todo a María para Jesús.

Dar a conocer a Jesucristo y hacerlo amar es la misión de sus Hermanos. Marcelino inculca a sus discípulos el respeto y el amor a los niños, la atención a los pobres, a los más ingratos y a los más abandonados. La presencia asidua junto a los jóvenes, la sencillez y el espíritu de familia son los puntos esenciales de su idea de la educación.

En 1836, la Iglesia reconoce la Sociedad de María y le confía la misión de Oceanía. Marcelino pronuncia los votos como miembro de la nueva Sociedad y envía a tres de sus Hermanos con los primeros misioneros a las islas del Pacífico.

La enfermedad logra vencer su robusta constitución. Agotado por el trabajo, muere a la edad de 51 años el 6 de junio de 1840, dejando a sus Hermanos este precioso mensaje: Que no haya entre vosotros más que un solo corazón y un mismo espíritu. Que se pueda decir de los Hermanitos de María, como de los primeros cristianos: Mirad cómo se aman.

Pedagogía Marista

Colegio Marista Nosotros 15 Abril 2026

La educación es el arte de ayudar a crecer, de acompañar el desarrollo integral de cada persona.

P. Marcelino Champagnat

PEDAGOGÍA DESDE Y PARA LA SOLIDARIDAD
Ello inspira un estilo pedagógico marcado por la preferencia al más débil, por la delicadeza, por la entrega generosa, por la no discriminación, por el saber disimular las dificultades ajenas.

Estamos llamados a caracterizarnos por una particular sensibilidad frente a las situaciones de pobreza, límites e injusticias que surgen dentro de la comunidad y en el entorno social.

Atender a los alumnos con mayor dificultad es crear estructuras de apoyo, grupos de recuperación, acompañar pacientemente a quien va con retraso y ofrecerle estímulos.

PEDAGOGÍA INTEGRAL
Que favorece el crecimiento total del alumno; es decir, no sólo se interesa por el aprendizaje, la adquisición de datos, las destrezas y los hábitos, sino que atiende a la persona global.

Nuestros primeros Hermanos ya hacían referencia a educar todo el niño. Hoy este principio sigue orientando nuestro servicio educativo evangelizador. Intentamos una educación personal que acompañe a cada uno según sus necesidades y que favorezca el ambiente humano para la maduración individual.

PEDAGOGÍA PARTICIPATIVA
La Pedagogía Participativa marista valora al estudiante como protagonista activo de su aprendizaje. En el aula, se fomenta la escucha, el diálogo y la colaboración, permitiendo que cada voz cuente. El educador marista no impone, sino que acompaña, anima y construye junto a los estudiantes un ambiente de respeto y crecimiento compartido.

Este enfoque también involucra a las familias, invitándolas a participar activamente en la formación integral de sus hijos. Desde el espíritu de familia, se promueve la corresponsabilidad educativa, donde docentes y padres caminan juntos, escuchan y aportan para formar personas comprometidas, libres y solidarias, fieles al carisma de Champagnat.

PEDAGOGÍA DEL TESTIMONIO
La Pedagogía del Testimonio marista enseña que el ejemplo cotidiano vale más que mil palabras. El educador no solo transmite valores, sino que los encarna con coherencia, siendo modelo de fe, respeto, responsabilidad y amor al trabajo.

Este testimonio también se espera de los padres, como primeros educadores. Cuando el hogar y la escuela viven los mismos valores con autenticidad, los niños y jóvenes crecen en confianza y sentido.

PEDAGOGÍA EN Y PARA LA VIDA
La educación en y para la vida es uno de los ejes centrales de la pedagogía marista. No se limita a formar para exámenes o títulos, sino para que niños y jóvenes vivan con sentido, integridad y responsabilidad.

Este enfoque también inspira a los padres y docentes a educar con mirada amplia, ayudando a los jóvenes a encontrar propósito, cultivar valores y descubrir su vocación personal.

PEDAGOGÍA MARISTA
La sencillez en la pedagogía marista se trata de actuar con humildad, transparencia y autenticidad en todo momento. Esto implica que los educadores y estudiantes adopten una actitud genuina y abierta, sin pretensiones ni complicaciones innecesarias.

El espíritu de familia es el corazón de nuestra forma de educar: en comunidad, como una gran familia. En un mundo cada vez más fragmentado, el espíritu de familia nos recuerda que nadie camina solo.

San Marcelino Champagnat decía: "Formen buenos cristianos y virtuosos ciudadanos." Para ello, sabía que el trabajo bien hecho era una escuela de vida.

Identidad

Colegio Marista Nosotros 15 Abril 2026

El verdadero arte del acompañamiento consiste en caminar al lado de los estudiantes, ser su guía, su apoyo y su ejemplo constante, animándolos a descubrir sus propias fortalezas y a alcanzar todo su potencial.

P. Marcelino Champagnat

IDENTIDAD
¿Quiénes somos?
El Colegio Marista de Santa Cruz es un Colegio Cristiano Católico que imparte una educación que pone de relieve los valores y principios evangélicos. Nuestro colegio es un miembro de la Congregación Marista y tiene un proyecto educativo inspirado en el pensamiento de su fundador, el padre Marcelino Champagnat, y se sustenta en una filosofía que armoniza la fe, la cultura y la vida.

CARISMA
Nuestra opción
Somos laicos que hemos optado por el estilo de vida marista, al cual nos hemos sentido llamados a seguir día tras día y el que nos motiva a vivir las virtudes de María, nuestra Buena Madre, ya que su amor es el que nos da fuerza en nuestra jornada como se la dio a Marcelino Champagnat «Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles» (Sal. 126).

Desde la experiencia laical descubrimos los siguientes elementos como parte de nuestro carisma marista: Espíritu de sencillez, espíritu de familia, amor al trabajo, presencia de Dios y Amor a María.

MISIÓN
Nuestra brújula
El centro de la misión de Marcelino Champagnat era dar a conocer a Jesucristo y hacerlo amar, viviendo en la educación el medio de llevar a los jóvenes a la experiencia de la fe y de hacer de ellos «buenos cristianos y honrados ciudadanos».

Hacemos nuestro el pensamiento de Marcelino Champagnat, de que para educar bien a los niños hay que amarlos, y amarlos a todos por igual. Según este principio, las características particulares de nuestra pedagogía son: presencia, sencillez, espíritu de familia, amor al trabajo y seguir el modelo de María.

VISIÓN
¿Qué buscamos?
Aspiramos a actualizar la esencia de nuestra misión a una sociedad en permanente cambio siendo coherentes con nuestro carisma, con la participación activa de los propios niños y jóvenes, buscamos formas creativas para:

- Desarrollar su autoestima y su capacidad para orientar sus vidas y ser protagonistas de su propio proceso de aprendizaje.
- Proporcionar una educación del cuerpo, de la mente y el corazón, adecuada a la edad, talento, necesidades y contexto social de cada uno.
- Despertar en ellos un espíritu crítico y ayudarles a tomar decisiones basadas en los valores del Evangelio.
- Animarlos a cuidarse mutuamente y a cuidar de la creación de Dios, nuestra casa común.
- Educarlos para que sean agentes de transformación social y solidaridad.
- Alimentar su fe y compromiso como discípulos de Jesús.

OBJETIVOS
¿Qué hacemos?
Ser un centro de evangelización en el que conduzcamos a las niñas, niños y jóvenes a la experiencia de la fe que experimentan a Jesús como una persona real, a la que pueden conocer, amar y seguir.

Atender las necesidades educativas de los estudiantes con una práctica pedagógica de calidad que contribuya a desarrollar el potencial cognitivo, afectivo y psicomotor de cada uno de ellos.

Mejorar los procesos de enseñanza aprendizaje a través de la actualización constante de los educadores, una planificación adecuada y una evaluación permanente de los resultados logrados.

Apoyar el proceso de formación humana, cristiana y marista en todos los miembros de la comunidad educativa.

Fortalecer los equipos internos en las áreas pedagógicas, pastoral y administrativa, como medio de animación de la dinámica institucional en el espíritu marista.

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