Pedagogía Marista

Pedagogía desde y para la solidaridad

Ello inspira un estilo pedagógico marcado por la preferencia al más débil, por la delicadeza, por la entrega generosa, por la no discriminación, por el saber disimular las dificultades ajenas.

Estamos llamados a caracterizarnos por una particular sensibilidad frente a las situaciones de pobreza, límites e injusticias que surgen dentro de la comunidad y en el entorno social.

Atender a los alumnos con mayor dificultad es crear estructuras de apoyo, grupos de recuperación, acompañar pacientemente a quien va con retraso y ofrecerle estímulos.

Pedagogía integral

Que favorece el crecimiento total del alumno; es decir, no sólo se interesa por el aprendizaje, la adquisición de datos, las destrezas y los hábitos, sino que atiende a la persona global.

Nuestros primeros Hermanos ya hacían referencia a “Educar todo el niño”. Hoy este principio sigue orientando nuestro servicio educativo evangelizador. Intentamos una educación personal que acompañe a cada uno según sus necesidades y que favorezca el ambiente humano para la maduración individual.

Pedagogía participativa

Utilizamos una pedagogía en la que el educando, que es artífice de su propio crecimiento, se asume como protagonista, implicándose activamente en el proceso educativo personal y grupal.

Pedagogía del testimonio

Al lado de los jóvenes y a través de nuestra vida, como educadores cristianos, en la escuela o fuera de ella, damos testimonio de la necesidad de lograr la armonía entre fe, cultura y vida, entre el compromiso como cristianos como ciudadanos.

Pedagogía que parte de la vida y va a ella

Entendemos que la vida misma es fuente de formación. En efecto, desde la vida, el niño y más adelante el hombre, tendrá que seguir formándose. Por ello, más que la transmisión de saberes nos preocupa que el educando aprenda a aprender desde la vida.

Los valores que inculcamos

Sencillez y humildad

Somos auténticos. Valoramos la sencillez en nuestras relaciones y en nuestra forma de actuar, siendo honestos con nosotros mismos y con los demás, sin pretensiones.

Cercanía y presencia

Los educadores no solo enseñan, acompañan. Estamos "en medio" de los alumnos, escuchándolos y guiándolos con afecto para que se sientan seguros y valorados.

Amor al trabajo

Creemos en la cultura del esfuerzo. Motivamos a nuestros alumnos a ser constantes, creativos y responsables, dando siempre lo mejor de sí mismos en cada proyecto.

Audacia

¡Nos atrevemos a ir más allá! Fomentamos el valor para enfrentar nuevos desafíos, salir de nuestra zona de confort y buscar soluciones creativas para mejorar el mundo que nos rodea.

Espiritu de familia

Aquí todos somos parte de algo más grande. Creamos un ambiente de hogar donde el respeto, la acogida y la ayuda mutua son la base de la convivencia. Nos tratamos como hermanos.

Solidaridad y compromiso

Miramos la realidad con el corazón. Educamos para que nuestros jóvenes sean sensibles a las necesidades de los demás, especialmente de los más vulnerables, y actúen para transformar su entorno.

Profecía

Educamos para alzar la voz por la justicia. Nuestros alumnos aprenden a ser testimonio de valores humanos y a comprometerse activamente en la defensa de los derechos de los más vulnerables.

Amor a María

Ella es nuestra guía y modelo. De María aprendemos la ternura, la atención a los detalles y la entrega generosa para cuidar la vida en todas sus formas.

Creatividad transformadora

No solo aprendemos, buscamos soluciones. Fomentamos el pensamiento crítico e innovador para imaginar y construir nuevas formas de mejorar nuestro entorno.

Esperanza

Miramos el futuro con confianza. Enseñamos a descubrir las oportunidades en las crisis y a ser luz para los demás en tiempos de incertidumbre.